En julio de 2025, la escena de la inteligencia artificial se ha convertido en un campo de batalla digno de una novela futurista. Mientras muchos mortales seguimos intentando programar el microondas sin quemar las palomitas, gigantes como Meta y OpenAI están compitiendo para construir sistemas de superinteligencia que puedan superar al cerebro humano.
Mark Zuckerberg ha anunciado la creación de los laboratorios de Superinteligencia de Meta, dirigidos por Alexandr Wang (ex CEO de Scale AI) y Nat Friedman (ex CEO de GitHub), con la misión de desarrollar IA que «marque el comienzo de una nueva era para la humanidad». La ofensiva de reclutamiento ha sacado talento de OpenAI, Google, Anthropic y DeepMind, ofreciendo contratos de hasta 300 millones de dólares en cuatro años.
Es decir, hay ingenieros que cobran más que las estrellas del fútbol, así que si tu madre no entendía tu vocación, ¡es hora de mandarles este artículo!
Sam Altman, CEO de OpenAI, ha respondido acusando a Meta de actuar de manera «poco elegante», asegurando que OpenAI contrata «misioneros» y Meta «mercenarios». Para calmar los ánimos, OpenAI ha ofrecido una semana de vacaciones y piensa subir los salarios para retener talento.
El debate interno de Meta tampoco pasa desapercibido: mientras Zuckerberg apuesta por modelos cerrados y superinteligencia, su científico jefe Yann LeCun recuerda que lograr la inteligencia de un gato aún está lejos. Así que la carrera todavía tiene gatos por domar.
No solo las vacantes se disputan; el propio mercado laboral se transforma. Microsoft anunció la eliminación de 9.000 empleos (el 4% de su plantilla) para redirigir recursos a IA y nube, y Amazon ya tiene más de un millón de robots coordinados por su modelo generativo DeepFleet. Los expertos avisan que hasta la mitad de los empleos de entrada podrían desaparecer en cinco años.
Si te inquieta este panorama, recuerda que también surgen oportunidades: un ingeniero de IA en Silicon Valley puede ganar 10 millones de dólares al año. Tal vez sea momento de que tu gato aprenda Python.
En definitiva, la guerra por la superinteligencia no es solo una batalla tecnológica; es también una lucha de egos, capitales y narrativa pública. Y aunque aún no tenemos robots que hagan la colada, la revolución está aquí: llega con contratos millonarios, despidos masivos y mucha expectación. ¿Listo para sumarte?
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